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Bund gegen Anpassung
Alianza contra el conformismo |
El impuesto eclesiástico al desempleado sin confesión religiosa: Informe y análisis del proceso judicial
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Nuestra táctica ha sido por tanto justo la correcta: |
Despachar a toda prisa en proceso oculto no va a ser por tanto posible. De la Constitución, sin embargo, no quiere saber nada nuestra juez: para su tarea deberán bastar las leyes.
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En este punto debe ser informado el pueblo: éste recibe la recompensa por su negación colectiva a percatarse de la diferencia entre ley y Constitución. Una ley que contradiga la Constitución es nula – simplemente no es válida, ¡basta! (Puesto que el único sentido de la Constitución es el de determinar cuales de las leyes pueden tener vigencia y cuales no – veáse el primer artículo de la misma, respectivamente el tercer y último párrafo de éste. Un juez que dude [o sea puesto al corriente de ello con razón] de la conformidad de una ley con la Constitución, deberá entregar el caso al Tribunal Federal Constitucional (BVG) – el así llamado »procedimiento de control de constitucionalidad de las leyes« –, y de ningún modo deberá tomar decisiones ulteriores basadas en esa ley, así está prescrito y sólo en un Estado de no derecho cínico puede conducir su seguimiento a un repliegue en la carrera profesional.) |
En la perversa argumentación de la juez, sin embargo, volvió a aparecer la Constitución; su razonamiento conforme al sentido era así:
»Si nosotros, por tanto el Estado, dijeramos la verdad cuando hacemos que los desempleados aflojen impuestos eclesiásticos sin reparar en su pertenencia o no a alguna confesión religiosa, entonces esto realmente sí que sería anticonstitucional. Pero dado que nosotros, sin embargo, mentimos, no se produce ninguna violación de la Constitución. Hay que decir que nosotros, ni cuando se lo quitamos a sus miembros ni cuando se lo quitamos a no importa quién, no transmitimos nunca el dinero a la Iglesia sino que simplemente nos lo quedamos nosotros mismos y con él pagamos por ejemplo salarios de los jueces o espías de interceptación, delegados o soldados y si nos da la gana se lo arrojamos con gusto también a la Iglesia en abundantes cantidades. Aunque no tenemos por qué hacerlo, dado que ya he dicho que hemos mentido – como ven, no se trata de un impuesto eclesiástico, simplemente lo denominamos engañosamente de esta manera, es por tanto un impuesto eclesiástico ficticio que naturalmente no lo recaudamos de un modo ficticio sino en sumo grado real. Por eso nos podemos permitir cogerlo también de personas sin confesión religiosa, de igual manera que podríamos permitirnos coger un impuesto por tenencia de perros de gente que no tenga ningún perro – lo denominaremos entonces impuesto ficticio por tenencia de perros. Porque, ¡ay!, ¡qué horror!, para nosotros es un esfuerzo tan enorme averiguar quien pertenece a una de las religiones privilegiadas o quien tiene un perro que lo que hacemos es cobrar a todos – dinero lo necesitamos siempre y además en ello no hay motivo de queja ya que el Estado lo somos todos, absolutamente todos y éste además no existe [este desatino estúpidamente apologético fue soltado bastante literalmente]. Por tanto está todo perfectamente; dado que, como dijo el Tribunal Federal Constitucional en su sentencia del 23 de marzo de 1994, mientras sea una clara mayoría de la población activa la que pague el impuesto eclesiástico, éste, como es normal, también podrá ser endilgado a todos los desempleados. Con el impuesto por tenencia de perros pasaría lo mismo pero ahí todavía no tenemos ganas de movernos porque lo que queremos no es que la gente tenga perros sino que sean miembros de la Iglesia – por lo que lo contrario no debe de reportarles ventajas.«
Por supuesto que la última frase, con la que se le habrían visto las orejas al lobo, no la dijo – pero el resto refleja sus declaraciones en su contenido de forma acertada e imparcial. Además hubo otra cosa: como el Tribunal Federal Constitucional, para salvar el impuesto eclesiástico recaudado de los desempleados sin confesión religiosa, había determinado hace bastante tiempo, de manera muy arbitraria y sin duda violando la Constitución, que exigir este impuesto a esos desempleados sin confesión religiosa no era demasiado pedir siempre y cuando una clara mayoría de la población activa fuera miembro de la Iglesia, un hecho que creía seguro in saecula saeculorum, no sólo nuestra juez sino también un montón de gente del organismo de elevado rango del Tribunal de lo Social tergiversan ahora, dónde este hecho ya no existe – el 57%, de hecho oculto hasta que nosotros tomamos medidas, primeramente no es una »clara mayoría« y en segundo lugar ha descendido entretanto mucho más – la sentencia del Tribunal Federal Constitucional diciendo que un impuesto eclesiástico, independiente de si es denominado »ficticio« o no, no se puede exigir a desempleados sin confesión religiosa sólo entonces cuando los empleados sin confesión religiosa formen una clara mayoría.
Por lo menos cuatro veces le refregó el abogado Niemitz esta tergiversación a la juez. Por lo menos cuatro veces hizo caso omiso de ella. Por fin dijo neciamente: »no lo creo, ¡a ver, léalo!« – lo cierto es que eso de tener una sentencia del Tribunal Federal Constitucional inmediatamente a mano no es precisamente probable . El abogado Niemietz, sin embargo, sí que la tenía y así leyó de ella en alto que el Tribunal Federal Constitucional para acceder a la imposición de un impuesto eclesiástico correspondiente exigía una clara mayoría de los miembros de la Iglesia y no para no acceder una de la de los de sin confesión religiosa según el Tribunal de lo Social. La presumiblemente cínica respuesta de la juez: »¡en la mia no pone eso!« – ese nivel de lógica históricamente sólo lo conocemos de los procesos inquisitoriales donde los monjes indagadores simplemente negaban la existencia de las partes mal vistas de la Biblia, ni siquiera de los tiempos del tercer Reich nos han llegado semejantes paralelas auténticas.
El demandante Dr. Nittmann – cuyo teléfono había estado bloqueado a estilo de la Gestapo la noche anterior al proceso (¡y nada más que esa noche!), lo cual, aparte del terror psíquico, significa una reducción considerable de las posibilidades de comunicación (¡abogado!) – pasó entonces a exponer claramente la absurdidad de la »argumentación« judicial: el impuesto eclesiástico por él pagado no es de ningún modo »ficticio« puesto que se le arranca de manera real y no en dinero de juguete, y sobre todo es justificado con la pertenencia de otros a la Iglesia – trabajadores y secundariamente también desempleados – de la cual, según el mandato de la Constitución, naturalmente no debería derivarse ninguna desventaja para alguien sin confesión religiosa – ¿por qué se le va a deducir del salario a alguien que no fume el impuesto sobre el tabaco sólo porque otra gente fume, o por qué tiene que salir perjudicado económicamente por el Estado uno que no tenga perro sólo porque otros con los que nada tiene que ver y sobre los que no tiene ningún influjo se permitan el lujo de la tenencia de perros? La existencia de religiosos, según el cristalino mandato de la Constitución de que la religión o ideología de la persona no puede resultar en su perjuicio, no se puede tomar como justificación a un perjuicio de las personas que se hayan liberado de la religión. Si los miembros religiosos o de otras organizaciones recaudan cuotas entre sí – o por un regalo que Hitler hizo a su primer patrocinador internacional, Pio XI, dejan que las recaude el Estado – ¡qué lo hagan! al fin y al cabo también a ellos les sirve de algo para sus fines; pero a parte de ser una violación de la Constitución es simplemente inmoral quitar las mismas cantidades a personas ajenas con fines arbitrarios o incluso de escarnio contra ellas con la disculpa de lo caras que les cuestan las diversiones privadas de los religiosos. Ya que la retención del impuesto eclesiástico a personas que rechazen esta organización y no consideren su existencia en absoluto deseable es una inmoralidad exactamente igual a la de la imposición de impuestos medieval a los judíos destinada a la construcción de iglesias, monasterios y cárceles inquisitoriales.
Está claro que en un Estado de no derecho y encima un Estado eclesiástico, a la argumentación más irrefutable, ni siquiera a la argumentación como tal, se le da en realidad una oportunidad; pues las sentencias se pronuncian mucho antes de que la primera palabra de la vista haya sido pronunciada. Y esto incluso se le escapó a nuestra juez cuando se fue de la lengua diciendo que poco tiempo antes de nuestro proceso todos los jueces ocupados de la materia, es decir los jueces sociales de la RFA por así decirlo »afectados«, se habían reunido con el fin de »hacer justicia« con uniformidad (puesto que, y no sólo en Chemnitz, también había habido un par de sentencias dignas de un Estado de derecho, fieles a la Constitución); »perfeccionamiento profesional«, se le llama a esto oficialmente y en alemán orwelliano, algo que también existía en el tercer Reich y bajo cuyo lema ya hace años que en el Estado eclesiástico de la Gran Alemania occidental se inculcó a nivel global y sistemáticamente a la justicia el que en el caso de comunidades religiosas discriminadas el derecho fundamental de la libertad de religión deberá ser siempre ignorado. El cabreado fanfarroneo inicial de nuestra juez respecto a »¡¡la independencia de un tribunal alemán!!« de nigún modo habría podido permitírselo en un gallinero sin haber llegado a provocar la muerte masiva de las gallinas por no poder retener la risa convulsiva.
La sentencia – el dinero permanece robado y por supuesto puede ser denominado impuesto eclesiástico – fue tomada por tanto de la forma esperada. ¿Careció entonces nuestra acción de sentido y fue una quijotada, hubiera sido por tanto más sabio un fatalismo que a priori todo se lo traga?
Hay un argumento que habla en contra. Por supuesto que la prensa acudió en seguida en auxilio del Estado eclesiástico RFA – ya sabemos que la recaudación del impuesto eclesiástico de desempleados sin confesión religiosa, no importa si con él se mata a serbios, se asalaria a jueces o incluso si se subvencionan colegios confesionales y encuentros eclesiásticos o se paga directamente a los clerizontes, a pesar de ascender con los años a millones de millones, no está destinada primariamente a procurar a la Iglesia aún más dinero del que ya tiene – hace ya mucho que nadan en dinero, se cogen además todo lo que les apetece tener del colaborador Estado, ya sólo de los réditos de sus, dado que adquiridas ilegalmente, inmensas propiedades podrían financiar sin un simple miembro a todo su clero, incluido sus secretarias más baratas y sus sacristanes en su completa lujuriosa y habitual cantidad – pero claro que a ser posible nadie puede salir favorecido en la práctica por poseer la fortaleza de carácter que le haya facilitado el liberarse del terror psíquico practicado por ella directamente o aprovechándose de dependencias emocionales. Mientras éste funcionaba a nivel global, a la Iglesia el regalo de Hitler del impuesto eclesiástico siempre le resultó muy agradable; pues, aparte de en el dinero, las miras de la realmente mayor empresa económica mundial están puestas sobre todo en los porcentajes de las cuotas de miembros de la población total – éstas son las únicas que permiten un terror psíquico seriamente triunfal y el lavado de cerebro »¿Por qué tienes que ser precisamente tú el que...« etc. Pero con la aparición de refugios y espacios libres éste hace poco tiempo que funciona bastante peor (primero el movimiento de estudiantes y luego la RDA).
Por eso a la Iglesia no le gustó nada que se le escaparán el 43% de toda la población activa – su »argumento« psicológicamente decisivo, el argumento aplastante del enorme porcentaje corría peligro, motivo que llevó a la prensa a cerrarse en banda. Del 43%, de la inmoralidad del robo de impuestos a desempleados sin confesión religiosa, de los cientos de procesos de afectados, al pueblo nada se le dijo, ni una sóla palabra.
Nosotros sólo fuimos capaces de percatarnos de la inmensa injusticia con la que nos topábamos cuando, gracias a un hallazgo casual, nos enteramos de los silenciados hechos; resultó sumamente difícil, sólo los lectores de »Ketzerbriefe« (»Cartas heréticas«) (no. 108 y 109) lo saben, dar con las sentencias de los procesos mantenidos prácticamente en secreto de los Tribunales Superiores en los que – ¡siendo la única fuente de la que se dispone! – aparece la ominosa cifra del 43, respectivamente del 57 (por ciento de la población activa) una sola vez. Cuando entonces con gran sacrificio nos pusimos a repartir montones de panfletos por toda la república para informar de los hechos silenciados durante decenios, APARECIERON DE REPENTE LAS PRIMERAS NOTICIAS EN LA PRENSA – aunque por supuesto no en Friburgo puesto que es ahí dónde mejor se nos conoce – y eso en las portadas. Pues bien hay que decir que los dirigentes con razón le dan mucha más importancia a la fe del pueblo en la prensa que a la fe de éste en no importa que Dios.
En la Edad Media la Iglesia suponía el instrumento más importante del poder – debía su propio poder a sus servicios en la feudalización de Europa y su conservación: actualmente son la prensa y la televisión los mayores instrumentos del poder. Si la fe religiosa corría peligro durante la Edad Media, entonces se ponía en peligro la injusticia de la Edad Media; si hoy en día corriese peligro la fe en la prensa y en la televisión, entonces sería la injusticia actual la que estaría en peligro. Lo cual no significa que la Iglesia de repente no tenga importancia y carezca de utilidad para los dirigentes; en primer lugar sigue siendo imprescindible en la neurotización básica de los niños y así de sus posterioses súbditos así como en el reblandecimiento general de cerebro, en segundo lugar, sin embargo, representa para el futuro, dónde los derechos humanos originales y las libertades civiles de la Revolución francesa que hoy día siguen obrando habrán muerto por completo, esa pesada reserva ideológica que puede volver a resurgir en cualquier momento del mismo modo que un cáncer reprimido con quimoterapia – ¿Quién, por ejemplo, hubiera podido contar antes de Khomeini con la terriblemente severa regresión de un verdadero Estado islámico?! ¿Qué europeo hace treinta años con el escándalo secular de persecuciones de sectas y encima en ese continente que 250 años antes creó la idea de tolerancia religiosa? Para tales porquerías y otras parecidas de las que hacen uso algunos beneficiarios de la injusticia tiene que ser mantenida la Iglesia en la retaguardia, siendo cuidada, mimada y cebada.
Por eso ha supuesto un gran éxito el hecho de que, sólo gracias a nuestra actividad, la prensa se haya visto obligada a romper su silencio sobre los muchos empleados sin confesión religiosa, o sea 43%, así como sobre los procesos contra el anticonstitucional e inmoral robo de impuestos asfixiados por el bloqueo de noticias. Puesto que en caso contrario, el irremediable »daño mayor« para los beneficiarios habría sido que en la persona común empezara a despertarse el interés por nosotros, es decir, una oposición de izquierdas insobornable, tenaz y no controlada, como fuente de información en lugar de chuparse medio dormida las noticias de la prensa y la caja tonta (o también sólo del tan extremamente fácil de censurar Internet en vez de centrar su atención en los panfletos mucho más difíciles de controlar).
Eso ocurrió antes del proceso; lo que explica el motivo de por qué la de de otro modo tan callada prensa local (»Badische Zeitung«= BZ), opuestamente por tanto a los por ella muy bien conocidos »cientos anteriores«, publicara un artículo de tres columnas sobre nuestro proceso. Está claro que lo que en primera línea pretendía era sacar de apuros a la Iglesia, por eso el desviar la atención sobre el menos fácil de agarrar Estado y finalmente fomentar la resignación y el fatalismo. He aquí su artículo de tres columnas:
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Cuestión de cálculo |
¡Resulta difícil reconocer el curso del proceso! (incluso el irse de la lengua de la juez acerca del encuentro central de acuerdo al »perfeccionamiento profesional« de todos los jueces sociales metidos intensamente en la materia con el fin de dictar sentencias uniformes queda a merced de un benévolo silencio, y por supuesto aún mucho más sus disparatadas habladurías acerca del Estado que en primer lugar lo formamos todos nosotros y que en segundo lugar no existe para nada.) Lo significativo es la declaración a lo que todo esto, que sólo se lo debemos a este estado de cosas creado por el regalo de Hitler del impuesto eclesiástico, se ha reducido: el estado siempre se coge lo que no le pertenece y si no puede seguir practicándolo bajo una calificación engañosa, entonces comete otro acto de arbitrariedad – en fín, »cuestión de cálculo« y no de la causa.
Naturalmente aparece una gran porción de sugestión encargada de seguir una pista falsa: »una« Alianza contra el conformismo, ¡vaya!, como si hubiese tantas... y una semana antes el mismo periódico dio por hecho, cuando permitió que, al cambiar nosotros una manifestación »contra« la guerra planeada por los trefiladores con carácter pro-imperialista en otra de carácter anticolonialista, se nos difamara asquerosamente, el que todo el mundo tenía pleno conocimiento de la Alianza contra el conformismo, en Friburgo por supuesto con razón; y no se trata de esquizofrenia sino de método. Tampoco es en absoluto cierto que solamente el Tribunal Social de Chemnitz haya aceptado la demanda análoga y sentenciado en concordancia con la Constitución – seguramente este fue el motivo que hizo necesario convocar el encuentro »profesional perfeccionador« de sentenciar uniformemente. Pero la verdadera guarrada periodística la forma sin embargo un pronombre sin nombre – bien sea en querellas matrimoniales o peleas ideológicas, amenazas de despido o la filosofía más abstracta: pronombres sin nombre significan siempre guarrada, anuncian siempre guarrerías y están siempre al servicio de guarrerías.
El pronombre sin nombre de esta vez es el »esto« en la segunda frase del último párrafo: ¿QUE es lo que tiene que »financiar« QUIEN?!? Si con esto se pretende dar a entender que el pobre Estado alemán se va a arruinar si por medio de mentiras o para usarlas con fines extraños no puede sacar de los bolsillos agujereados de los pobres entre los más pobres un par de perras más, entonces tenemos un consejo muy bueno para el canciller tan lleno de miedo a arruinarse:
SCHRÖDER, ¡VETE A BUSCAR TU DINERO A LAS IGLESIAS, NO SE LO QUITES A LOS DESEMPLEADOS! ¡NO RENUNCIES A SU IMPUESTO TERRITORIAL NI A SU IMPUESTO SOBRE LA ADQUISICION DE BIENES INMUEBLES, DEL QUE DE LO CONTRARIO TAN AVIDO ESTAS!
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Si de un sólo plumazo se puede reducir la cuota de desempleo, entonces también de un sólo plumazo se podría abolir la descaradamente privilegiada liberación de la Iglesia frente a todas las otras asociaciones de utilidad pública del impuesto territorial, del impuesto sobre la adquisición de bienes inmuebles y del impuesto sobre la venta de bienes inmuebles. La Iglesia no solamente es el mayor propietario de inmuebles de la RFA, incluso descontando los edificios de culto, sino también el mayor especulador de bienes inmuebles. Un pequeño ciudadano especula con el resultado del tal vez muy agotador trabajo de su vida para asegurarse su vejez por su »propia iniciativa«, entonces éste es pelado sin duelo; la grasa Iglesia que apesta a dinero, sin embargo, sale airosa de la situación gratuitamente. Ya sólo si tuviese que pagar normalmente el impuesto por la adquisición de bienes inmuebles se recaudaría más dinero para »financiar« »esto« (¿!?) que lo que reporta la explotación adicional de los desempleados, tan propagandisticamente preparada por la BZ.
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¡SCHRÖDER, VETE A BUSCAR TU DINERO A LA IGLESIA,
NO ARROJES NUESTRO DINERO A LOS CLERIZONTES! |
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¡FUERA CON EL CONCORDATO DE HITLER!
¡NO A LOS FONDOS PUBLICOS PARA LAS IGLESIAS! ¡NO A LA RETENCION DE CUOTAS ECLESIASTICAS POR EL ESTADO! |
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