Bund gegen Anpassung
Alianza contra el conformismo

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03.07.2005

¡BIEN HECHO, FRANCIA!

Nada hemos tenido nunca en contra de una Europa fuerte capaz de hacer frente – sobre todo a nivel nuclear – a los ávidos y arrogantes EE.UU. Al contrario de la dormilona y refunfuñona izquierda tradicional, para nosotros, éste nunca ha sido motivo de aguar la fiesta a Europa. Pero tendría que haber sido una Europa de los pueblos y no una de los gobiernos, de los trabajadores y no de los zánganos.
    Maastricht ha sido una confabulación de los gobiernos contra sus pueblos, una buena bofetada procurada a las masas idiotas por los sobornables arribistas de dichos gobiernos: los Tratados de Maastricht cobraron vigencia, y en algunas partes hasta en secreto. La misión de los referendos posteriores consistiría simplemente en permitir ulteriormente a los conformistas imbéciles, o sea, a los dependientes de los medios de comunicación, legitimar la compra a ciegas. Algo que hasta ahí había salido de perlas pero que en Francia y Holanda por fin no funcionó, y eso está bien. Se trataba de la última oportunidad. Sólo el referéndum es democracia, independiente de la mierda que los docentes y periódicos parloteen o propaguen conformes a las órdenes. Todas esas votaciones, en el mejor de los casos, un puente a veces ineludible o un forzado recurso técnico de urgencia. Por esta razón se les ha privado a los alemanes del más primordial derecho de todos los derechos del pueblo. Y tampoco con la anexión de la RDA les ha sido devuelto. Pero, además de los suizos (cuyo realmente existente democracia solamenta esta basada en el bienestar y por ello probablemente un asunto temporal, pero sea como sea, de momento real), también han conservado todavía este restito de democracia digno de ser tomado en serio los franceses, italianos, holandeses y otros. Y en el caso de que dos de ellos ahora no se hubieran servido de él, se habría ido al traste para siempre. (Puesto que, formalmente éste sólo se habría mantenido con el fin de ser anulado tras un par de años por sarcásticos lacayos europeos sin identidad de una »justicia independiente europea«, basándose éstos en algún chisme elástico de la »Constitución Europea« y transmitada de cautivador manera por peroratas de prensa y televisión. Este juego de mierda ya se conoce a nivel nacional – véase sí no, a no ser que los buenos idiotas ya lo hayan olvidado y excusado estúpidamente, la historia del § 218.)

En una Europa de los pueblos y no de los Gobiernos (precisando: de las marionetas de los EE.UU. que los medios de comunicación nos recomiendan votar), en una Europa de los pueblos libres, se habría votado entonces sobre su Constitución PUNTO POR PUNTO, o por lo menos sobre sus principales y esto por todos los pueblos al mismo tiempo y no, sin embargo, a ciegas y una ley de autorización retrospectiva. Y exactamente este último procedimiento habían previsto los Gobiernos, mimados por la languidez y predisposición a la obediencia de sus pueblos, y precisamente esa razón ha llevado los franceses y holandeses a propinarles por fin la bien merecida bofetada ¡¡Ya era hora!!

Puesto que, ¿en cuanto había gato encerrado? Los medios de comunicación no lo revelaron y si dijeron algo fue en letra pequeña. (Y dicho sea de paso, son ellos quienes representan la nueva religión – tanto si se creyó en las milagrosas armas escondidas de Hussein o en la Inmaculada Concepción, desde el punto de vista racional en lo que al nivel de absurdidad respecta es lo mismo – ¡Ahí si que el arcaico creyente respectivamente el fundamentalista, no tiene por qué avergonzarse el »moderno« embelesado de la caja tonta! Inteligentes los que lean esto, ¡convertiros también en ateos laicos!)
    Bueno, ¿Y qué cositas eran esas que contenía ese paquetito de Europa tan maravillosamente envuelto, tan elogiado por prensa y caja tonta y que gracias a Dios ahora devuelve al congelador? No pensamos descubrirlas todas, de todos modos, un pequeño esfuerzo por el propio interés nunca está demás. Sí queremos, sin embargo, llamar la atención sobre una sola de la cual justo nos acaba de preservar el restito de democracia francés: sobre el artículo 51 de la planificada Constitución Europea. Y este no significa nada menos que un estado general eclesiástico europeo, más o menos al estilo del Concordato de Hitler, el restablecimiento de una substanciosa parte de los privilegios medievales, una victoria del Papa en el largo camino de vuelta a más allá de 1789 y los con ello relacionados auténticos derechos humanos (puesto que éste decretó contra ellos, bajo su punto de vista con razón, la encíclica más inmediata de toda la historia católica, cosa ésta, no obstante, que no impidió sufrir la derrota y hasta hace pocos años, cuando empezó la difamación de las sectas, no ha vuelto a ser perseguido ningún europeo desde el 1789 por su religión; hasta el mismo Hitler se vio obligado a camuflar su persecución de los judíos como racismo).
    Enviamos el tan encubierto como repugnante texto de éste artículo 51 en el velado idioma jurídico original a todo interesado a cambio de una tasa de apoyo adecuado – la omisión de respuesta probará la malversación de correos, en este caso ¡protestar en correos! Su significado – el del artículo -europeo 51 – ni más ni menos que lo ya dicho. De ahí que los países protestantes europeos tampoco lo quisieran, por eso la Iglesia romana presionó a sus coleguillas y condujo a que los flojos y gallinas de protestantes, o sea, sus burócratas, también de Suecia y Holanda, al final tragaran a cambio de no se sabe que plato de lentejas. El plebiscito francés nos ha vuelto a salvaguardar pero ¡cuidado! La prensa dispone de tiempo y machaca mucho tiempo. La condición de estar privado de sus derechos y los salarios bajos ha rechazado otra vez por los europeos del oeste. Pero la lucha por crear un modelo anti-EE.UU. (=el dinero al pueblo, en lugar de a los consorcios, por consiguiente exactamente eso que de modo tan favorecedor diferenció decenas de años a la parte rica de Europa, como por ejemplo Escandinavia y en parte hasta incluso Alemania, de los EE.UU.) acaba de comenzar (es decir, podría, en el mejor de los casos, haber comenzado – puesto que Europa, que al fin y al cabo lo provocó, se ha dormido mucho en los laureles del movimiento obrero, convirtiéndose así en sumamente vaga y cobarde). De esto que una Europa unida – por así decirlo, E.U.E, en lugar de E.U.A. – habría sido absolutamente buena, pero entonces una Europa de los pueblos y no de los gobiernos.
Lo que nos gustaría:
Una Europa unida sin espías (por ejemplo husmeadores de conversaciones telefónicas o instaladores de micrófonos ocultos), sin inhabilitaciones profesionales (¿acaso olvidado?!?) y sin peaje de autopistas, que movilice sus ejércitos exclusivamente contra estados que la ataquen pero que no se los preste a los EE.UU. para sus guerras coloniales.
    Una Europa ilustrada con libertad de religión pero sin privilegios religiosos y sin subvenciones religiosas.
Una Europa democrática al estilo de Suiza donde las votaciones constituyan el punto principal y las elecciones sean un accesorio.
Una Europa que defienda el bienestar de sus ciudadanos de provecho y que sea crónicamente rácana con sus burócratas e incluso con sus aparatos del partido, también con consorcios, incluidos los estadounidenses.
En una palabra, una Europa de los pueblos y no de los gobiernos.



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