Eidgenössisches Justiz- und
Polizeidepartement
Señora Eveline Widmer-Schlumpf
Bundeshaus West
CH-3003 Bern
SUIZA
Freiburgo, el 29 Septiembre 2009
Lo que el Führer no logró, lo concluirá el emperador del mundo:
¡Dejad en paz a Roman Polanski!
Con espanto y asco nos hemos enterado de la noticia del arresto del director de cine de gran mérito y ciudadano francés-polaco Roman Polanski por parte de las autoridades suizas.
¿Quiere Suiza pasar a convertirse servilmente en el estado federal N°51 de los EE.UU.? Eso es simplemente repugnante. ¿Quiere Suiza hacerse cómplice de un estado que la extorsiona hace más de 20 años – las palabras claves »oro nazi«, »cuentas sin dueño«, »derogación del secreto bancario« sean suficientes – y que pisotea el derecho internacional? ¿De verdad cree Suiza que con esa infame toma de rehenes le sería abonado en cuenta un solo franco suizo de esa pandilla de ladrones de Washington? Eso no es nada más que simplemente asqueroso: el arresto de Roman Polanski como vía al derecho de ingreso de ser tolerada en la prostitución política global de los EE.UU.. Después de la liquidación fiscal, ahora viene la declaración en bancarrota moral de la Confederación.
El respeto que se tenía hace tiempo a una comunidad democrática ahora da lugar a náuseas en vista de esa autohumillación. El pequeño Raoul maltratado escapó por los pelos del infierno del derecho penal sexual de los EE.UU. al que ahora debe ser enviado el entrado en años Roman Polanski gracias a la complicidad activa de Suiza. En aquel tiempo Suiza era la víctima, ahora es autora de un delito, el de proxeneta. Que no nos venga con palabras como »acuerdos jurísticos internacionales« – también la prostitución tiene sus reglas.
De niño Roman Polanski fue testigo de como los nazis amurallaron y conviertieron en gueto el barrio de la ciudad polaca dónde creció. El niño se escapó del gueto; como anciano debe ser devuelto a él – y precisamente por parte de la Suiza que antaño – ¡antaño! – salvó la vida a varios millares de judíos alemanes y que ahora instituye ese ejemplo cruel y repungnante en uno de los que por casualidad sobrevivió.
Roman Polanski enriqueció la humanidad como artista. Con su arresto las autoridades suizas no sólo abusaron de su genio: arrastraron la fantasía por el fango, escupieron la dignidad humana y la mente. Con razón se detesta el terror moral de Calvin, pero éste resistió al Papa; en todo caso jamás fue un lameculos sin principios. ¿Y ahora? »Cuanto más alto se sube, más grande es la caída.«
¡Dejad en paz a Roman Polanski!
C. Müller
Bund gegen Anpassung
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