La sentencia del Tribunal de lo Social de Friburgo y la prevista tributación forzosa a la que serán sometidos todos los de sin confesión religiosa en la RFA.
La sentencia del Tribunal de lo Social de Friburgo, que al parecer hace que el robo en dimensión de miles de millones practicado durante decenios mediante la tributación forzosa de todos los desempleados sin confesión religiosa, siga siendo cometido impasiblemente con la intransigencia de los burócratas con cabezas de hormigón, ha sido presentada entretanto por escrito. Merece la pena la lectura de este texto, a pesar de la monotonía de una injusticia cometida con rutina, que se pronuncia en frases hueras y un alemán jurídico afectado, con profunda ignorancia de los artículos más fundamentales de la Constitución. Nos topamos, sin embargo, con tonos nuevos en él, tonos que permiten conclusiones de gran gran alcance.
Naturalmente que la sentencia fue pronunciada »en nombre del pueblo« – bueno, un pueblo al que sin descanso se le había tomado el pelo y burlado sirviéndose de la información dirigida en lo que a esta injusticia fundamental respecta – en primer lugar con el simple silenciar – , un pueblo, sin embargo, que para el gusto de los jueces acudió a la vista en un número inesperada e indeseadamente alto y que encima había manifestado anteriormente su protesta a este acto de arbitrariedad por parte del Estado eclesiástico alemán con numerosas cartas. Este estado de cosas tan desacostumbrado y tan indeseable para los jueces alemanes – »el pueblo« no se limita a ser una flor retórica en papel, sino que está de cuerpo presente en forma de un público atento – se plasmó en la sentencia judicial de una manera digna de reflexión que pasamos a citar: »al Tribunal le ha sido presentada una campaña de firmas de una conferencia celebrada en París el 18 de febrero de 2002 (en realidad fue en septiembre) con la que los participantes, que se legitimaron con su firma, se declaran en contra de una supuesta retención forzosa del impuesto eclesiástico practicada sobre el subsidio de paro por parte de la RFA a los desempleados sin confesión religiosa. Los protestantes opinan que, según ellos, de este modo se violan varios derechos fundamentales, que millones de ciudadanos alemanes se ven obligados a apoyar económicamente a una organización a la cual no pertenecen y a la que categóricamente se niegan a apoyar. Además han llegado al Tribunal numerosas cartas sueltas de protesta.« Supuesta – opinan – y según ellos: términos con los que el tribunal escupió con ira mal contenida y que la juez comentó con la cabezita roja de rabia de la siguiente manera: »Miren, si piensan que van a poder presionar o extorsionar a un tribunal sirviéndose de un público mal informado, entonces me pregunto: ¿En qué mundo viven Vdes.? ¿Nunca ha llegado a sus oidos que los tribunales alemanes son independientes – ¡in-de-pendientes!? – pues bien, si ni siquiera saben eso, ¿Qué es lo que han venido a hacer aquí?« – No cabe la menor duda: las protestas tuvieron un efecto eficaz en una juez que sí bien actuó de manera independiente de la Constitución, pero sumamente dependiente de los deseos de sus superiores y de su medio burocrático.
¿Cómo argumentó entonces el tribunal frente al hecho más claro que el agua de una violación de la Constitución? Con un mantra criptoreligioso, haciendo referencia a la autoridad, o sea los superiores, la roca en el embate de las olas para un funcionario naufragado, la astilla salvadora para un burócrata a quién el agua le llega a la boca. Y esto se lee así: »según las convincentes demostraciones del Tribunal Constitucional Federal... El Tribunal de lo Social advirtió con razón en su resolución... el Tribunal Constitucional Federal ha manifestado de manera convincente en su resolución ... el Tribunal Constitucional Federal ha examinado ampliamente en su resolución ...« etc. Ha habido ya tiempos dónde la justicia alemana ha hecho referencia más breve y escuetamente a las disposiciones del, -¡ah!,-¿cómo- se- llamaba?, en el que de todas maneras tiene su origen el Concordato eclesiástico que ahora, aquí y hoy forma la base de esta sentencia de la injusticia.
Aún queda lugar para tergiversaciones y exposiciones erróneas que presentan un paso fluido a la mentira. La maniobra preferida de desconcierto relativa a la retención forzosa aplicada a los desempleados sin confesión religiosa del impuesto eclesiástico es la indicación de que éste supuestamente es »ficticio«. Aquí se trata de un truco barato de prestidigitador, una equivocación que pretende sugerir el que la retención forzosa del impuesto eclesiástico no existiese (ficticio: fingido, fabuloso, aparente), y todo porque el dinero robado aparente o realmente no van a parar a la Iglesia sino al Estado eclesiástico. Por supuesto que los autores de las cartas protesta no se dejaron intimidar en que la retención forzosa del impuesto eclesiástico – independiente del empleo que se le dé – es sumamente real. En ese idioma de borla del Tribunal de lo Social: »La regulación no afecta ... la libertad de la confesión religiosa, tampoco la libertad de la confesión religiosa de personas que no pertenezcan a una Iglesia con derecho a impuestos eclesiásticos. De la regulación, en contra a lo varias veces supuesto – como se desprende también de los numerosos escritos dirigidos al Tribunal y de la declaración personal hecha por el demandante el día de la vista oral – , tampoco se deduce que los desempleados que no pertenezcan a una Iglesia con derecho a imposición sean cargados con cuotas de las que se beneficie alguna Iglesia.« Intenciones turbias tienen como consecuencia una sintaxis turbia. El demandante Dr. Nittmann, sin embargo, había alegado que la retención forzosa del impuesto eclesiástico era real (o sea, no »ficticio«), sin tener en cuenta si después con este dinero robado
- son misionados 100 000 negros,
- son asesinados 100 000 iraquies
- o si con ello (en vista de la juez y el presidente de la Oficina de desempleo de Friburgo allí presente) son pagados 100 000 funcionarios.
Compárense una vez más estas alusiones con las palabras del texto de la sentencia.
También aquí se manifiesta claramente: el público y las cartas protesta han surtido un efecto inmenso; podría decirse que el Tribunal se encontraba en un apremiante estado de justificación. Pero este efecto se manifestó con la mayor claridad en una noticia anunciada vagamente:
¡El Estado alemán prevee una sucia maniobra de giro!
Frente al despertar de la atención del público, – como resultado de un laborioso y costoso trabajo de información – el Tribunal de lo Social de Friburgo convocó la cita de la vista no sólo con rapidez desacostumbrada, ésta había sido hasta ahí aplazada expresamente, sino que además se hacen alegaciones en su sentencia que no se encuentran en ninguna otra sentencia semejante y que llaman la atención. Por ejemplo la formulación en la página 6 de la sentencia que dice que la retención forzosa aplicada a los desempleados sin confesión religiosa del impuesto eclesiástico »supuestamente todavía no es anticonstitucional«. Todavía no – ¿pero tal vez pronto? Una página después aparece el precisar remitiéndose a una resolución del Tribunal Federal de lo Social del 25 de junio de 2002 (N° de registro: B11 AL 55/01) que dice que la retención forzosa pasará a ser anticostitucional en el momento que »el número de aquellos empleados que pertenezcan a una de las iglesias con derecho a imposición se reduzca a menos del 55% [...] En un futuro próximo se calcula con nuevas cifras estadísticas.» Esta noticia es de gran interés: un cuarto de año antes de este fallo del Tribunal Federal de lo Social, el 1 de marzo de 2002, el Bund gegen Anpassung (Alianza contra el conformismo) había difundido mediante octavilla en masa la información tan difícil de conseguir, por ser mantenida cerrada, de que el 43% de la completa población activa en Alemania no es miembro de Iglesia. Y entonces esa resolución en junio de 2002: la retención forzosa es anticonstitucional a partir de un porcentaje del 55 de afiliados a las iglesias, en lugar del 57% (remarcamos: este 57% refleja el cálculo de 1999, entretanto, es decir, a principios del 2003, debe pertenecer seguramente sólo alrededor de la mitad de la población activa en Alemania, o sea el ±50%, a una de las grandes iglesias cristianas).
No puede existir ninguna duda acerca de la arbitrariedad y absurdidad de esta determinación de cifras por parte del Tribunal Federal de lo Social, pero evidenciemos no obstante la mecánica de este proceder:
- El aviso de un giro (otra vez desconocido por todo el mundo y sólo hecho público fuera de los correspondientes círculos de juristas gracias al proceso ante el Tribunal de lo Social de Friburgo) tuvo lugar después de la publicación del explosivo, y por ese motivo oculto, material de las cifras: ¡de repente el 55% en vez del 57%!
- Si el Estado eclesiástico alemán pretende realmente determinar este margen como valor umbral de la anticonstitucionalidad de este hurto (ya veremos: el papel es paciente y el molino de la justicia muele despacio), entonces lo que quiere es adornarse en retrospectiva con el nimbo de un Estado de derecho.
- La dependencia causal de los procesos cada vez más cuantiosos (datos sobre la cifra no se publican) y de las protestas provenientes sobre todo del extranjero es ocultada. Pero ante todo:
- Los de manera anticonstitucional embolsados miles de millones de los empleados sin confesión religiosa se los quedarán. Y eso probablemente sonará así: »Tras un profundo exámen de todas las dudas jurídicas y con ayuda adicional de las más recientes estadísticas realizadas con esmero, el Tribunal Federal de lo Social / el Tribunal Constitucional Federal ha llegado a la conclusión de que la recaudación de un impuesto eclesiástico ficticio de los desempleados sin confesión religiosa a partir del 1 de enero del 2004 no será compatible con la Constitución.« – Motivo por el que todos los afectados que hayan puesto demanda contra la retención forzosa deberán apremiar para que las cantidades que se les han quitado les sean devueltas. EL valor umbral del 55% seguramente fue alcanzado ya en el 2002.
- Sin embargo, la consecuencia principal de esos modos de proceder es que aquí no ha habido un entrar en razón tardío, ni muy tardío, ni muy, muy, muy tardío de los órganos estatales sobre la injusticia por ellos cometida, o sea, la violación de la Constitución miles y miles de veces. Es más, encima se prepara la ampliación de esta violación de la Constitución:
¡El Estado eclesiástico alemán prevee la ampliación de la tributación de todos los empleados sin confesión religiosa en Alemania!
Una propuesta correspondiente fue difundida – el lugar y la fecha seguramente son todo menos una casualidad – el día 21./22. de diciembre de 2002 en el periódico »tageszeitung«. Al respecto es importante saber que este periódico, como lo han reconocido, es el único que es financiado con fondos recaudados dado que si no, debido al escaso volumen de anuncios publicitarios en él y a la baja tirada, no podría subsistir económicamente. El periódico »tageszeitung«, nutrido con fondos recaudados, es el órgano inoficial de gobierno de los »Verdes« y en consecuencia el autor de ese artículo, un tal Gerd Grözinger, es »experto fiscal« de los »Verdes« y además docente de economía en la Universidad de Flensburgo. Su artículo lleva el cínico título, exhalante de la arrogancia del poder: »Gratificación eficaz. Los ateos no pagan ningún impuesto eclesiástico – gozando por ello de inmensas reservas económicas para formar una fundación federal con fines sociales en beneficio de todos«. Ahora a todo esto ya no se la llama retención forzosa aplicada a los ateos, ¡qué va!: de acuerdo a la máxima prenominalista, según la cual un cambio de denominación de una cosa supondría un cambio de la cosa misma, deberá ser pues una fundación federal con el majestuoso nombre de »experimentar el futuro« a la cual le será asignada el »capital social«, es decir, los eventuales ahorros de los de sin confesión religiosa que les deberán ser retenidos a la fuerza (la analogía con el impuesto eclesiástico »ficticio« de los desempleados que no pertenezcan a la Iglesia es evidente pero encima ahora éste – en la Francia prerevolucionaria lo habrían llamado »impuesto de negros« – lo quieren expander también a toda la población activa). El autor hace uso inmediato de un lenguaje claro aunque con un cinismo y una impertinencia muy al estilo de este periódico gubernamental. El lema es: »¡atacad las cazuelas desbordantes de carne de los postmaterialistas«! Esta última extraña palabra significa que aquel partidario tardío de la Ilustración que no crea en ningún dios y por lo tanto no pertenezca a ninguna iglesia deberá pagar y no poco; El autor presenta la siguiente propuesta: »los contribuyentes que no pertenezcan formalmente a alguna religión deberán ser obligados a pagar una cantidad igual a la que pagarían por el impuesto eclesiástico al que ellos no están sometidos.[...] El objetivo es crear espíritu cívico moderno con el dinero de los ateos [...] Estamos hablando de grandes cantidades. [Suena igual que »patrimonio judío« en el »Völkischen Beobachter« (Observador populista, un periódico instigador nazi), [nota del traductor] […] Ingresos anuales de miles de millones...«
En estas líneas no sólo se manifiesta la infame mentalidad de arrebatar de una casta burócrata parasitaria sino la sistématica ampliación de una violación de la Constitución que hasta ahora »sólo« ha sido cometida con los más pobres y por tanto los más extorsionables. La libertad de religión como esencia principal de la Ilustración y de la en su día victoriosa, ahora ampliamente corroída Revolución francesa, es disparada madura para el asalto. La Constitución permanece en el papel como es, y un toque de pitos bastará para violarla por decreto gubernamental. Esa es la manera de que los soldados alemanes vayan a parar al extranjero, de que el dinero de los ateos afluya al fisco.
La protesta contra la retención forzosa del impuesto eclesiástico aplicado a los desempleados sin confesión religiosa en Alemania ya ha mostrado efecto pero tiene que ser intensificada y ampliada si queremos que alguna vez sea capable de hacer que fracase tal asalto a la Constitución. Naturalmente que es algo que depende de cada uno de nosotros – no sólo de los desempleados sino de la población activa, los contribuyentes, pero sobre todo: de los que tengan cerebro.
El abogado Gottfried Niemietz ha interpuesto recurso contra la sentencia del Tribunal de lo Social de Friburgo. Se infomará continuamente sobre el transcurso del desarrollo del proceso – como muestran los hechos, todos los votos de protesta son valiosos, y el castigo para los dormilones pisa los talones.
De vuelta al artículo principal: ¡El Estado eclesiástico alemán comete mediante violación de la Constitución expoliación de impuestos en millones de desempleados sin confesión religiosa!
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